Usando mi experiencia de mirar las cosas desde una perspectiva de conducta y también de mi formación en neuroanatomía, empecé a investigar qué estaba ocurriendo si estas personas estaban teniendo fuertes reacciones a cosas que ellos mismos sabían que eran irracionales e innecesariamente onerosas.
Por entonces, había una mujer llamada Edna Foa quien estaba haciendo un muy buen trabajo con enfoques conductuales para personas con el trastorno obsesivo-compulsivo, y un subgrupo del TOC donde estos comportamientos eran más observables como lavarse las manos, comprobando el grifo, comprobando las lámparas sólo para asegurar que no hubiera un incendio o inundación.
Ella usaba un tratamiento bastante agresivo de exposición en donde ella hacía que las personas entraran en contacto con cosas con distintos niveles de suciedad o contaminación, o hacía que las personas dejaran las luces del apartamento encendidas y que tomaran el riesgo de causar un incendio.
Pero para mí un subgrupo de personas con TOC, en ese momento era casi igual de prevalente en personas con pensamientos intrusivos, tal como una madre primeriza que tal vez tenía pensamientos intrusivos de asfixiar a su propio hijo, no era una tentación o deseo de parte de ella, pero solo un pensamiento que produjo su cerebro, y luego ella tendría una fuerte reacción emocional de terror que implicaría que el bebé podría estar en peligro o que esto diría algo sobre su carácter.
Muchas personas tenían pensamientos intrusivos de posiblemente no creer en Dios, de posiblemente ser homosexuales, este tipo de manifestación del trastorno, este subgrupo, lo investigué y luego a este punto los tratamientos que habían sido diseñados me parecían muy primitivos. Se les pedía a las personas de chascar una banda elástica en la muñeca cada vez que tenían un pensamiento intrusivo, o se les pedía que gritaran la palabra ´stop´ en voz alta o en sus mentes como medio de hacer que sus cerebros se comportaran bien. Y esa forma de terapia no me parecía muy elocuente, no me parecía que se necesitaba un doctorado para diseñar algo así.

Estudié a este subgrupo e intenté concebir un tratamiento usando los mismos principios que Edna Foa había usado en términos del trabajo de exposición agresiva. Redacté mi primer artículo que fue distribuido nacionalmente a través de un boletín sobre el TOC llamado ´Pensando lo impensable´. Acuñé el término O Puro que significaba que estas personas empleaban una forma puramente obsesiva del trastorno obsesivo-compulsivo. Sus pensamientos intrusivos existían en sus propias mentes y sus rituales frecuentemente existían en la forma de pensar. Así que personas que podían tener pensamientos intrusivos sobre un pariente tal vez oraban a Dios buscando el perdón, o podrían participar en un pensamiento para intentar usar la razón para probar que no eran capaces de actuar de tal manera.
El artículo acuñó el término O Puro que ganó mucha popularidad con las víctimas de este subgrupo, porque muchas personas que me contactaron se quejaban de que muchos psicólogos que visitaban en ese entonces les decían que no sufrían del TOC porque no se lavaban las manos o porque no comprobaban los grifos o luces, y muchos colegas en ese momento no tenían mucho conocimiento sobre este subgrupo. Y muchos de mis pacientes al final de los años 80 habían sido diagnosticados erróneamente como delusivos. Frecuentemente fueron confundidos en tener un subconjunto de psicosis, por tener estos pensamientos muy imaginativos y reaccionaban con un fuerte sentido de convicción en sus pensamientos, porque actuaban como si estos pensamientos fueran legítimos.
Como mencioné, le doy mucha licencia a mi cerebro para que genere estas asociaciones, la diferencia es que cuando mis pacientes tienen estas asociaciones sus cerebros reaccionan como si estuviera pasando una crisis. Así que hay un componente emocional muy fuerte para las personas con el trastorno obsesivo-compulsivo comparada a la población que también admite fácilmente de tener los idénticos tipos de pensamientos que la población con el TOC, cuando ellos tienen estos pensamientos están abrumadoramente aterrorizados, tanto es así que crean una infusión de autenticidad y legitimidad, que en realidad hay un problema, que estos pensamientos no están bien, que verdaderamente meritan un esfuerzo para probar la falta de peligro.
Eso se llama un ritual. Así que cuando tengo un pensamiento intrusivo o una asociación creativa, yo le agradezco a mi cerebro por compartir la experiencia de tener “yu yu” que no dura más de dos segundos y sigo con mi día. Las personas con el TOC tienen esta avalancha de angustia, que en su esfuerzo de buscar alivio lo que hace es crear un círculo vicioso que le refuerza al cerebro la idea que sucede algo, que sí hay una crisis así que el cerebro se sobresalta aún más, cuanto más la persona intenta de escapar o racionalizar o ritualizar el posible peligro que se asocia con el pensamiento. Para las personas con el TOC esto se convierte en una condición discapacitante que cambia la vida
